Sembrar semillas celebrando el Año Nuevo Austral.

El solsticio de invierno marca en el hemisferio Sur el comienzo de un nuevo año Austral. La noche más larga da comienzo a un lento retorno de la luz y con ella de la vida, marcando un punto de inflección en ese constante ciclo natural de muerte – renacimiento.

Nuestros pueblos desde tiempos inmemoriales aprendieron a sentir, reconocer y honrar ese día del año, llegando incluso algunas culturas originarias a calcular este momento, con la precición que otorgan las herramientas de observación, medición y matemáticas actuales.

Asi como se celebra a nivel mundial el cierre de un año y comienzo de otro según el calendario Gregoriano, de igual forma innumerables pueblos, comunidades originarias y personas de nuestra América celebran este día con fiestas, ofrendas y rituales de veneración hacia la Naturaleza, Madre tierra. Es muy conocida la celebración de este día en la fiesta andina conocida como Inty Raymi en que también se venera a la Pacha Mama. En nuestro país son muchísimos los grupos, comunidades y personas que acostumbramos celebrar este momento.

Este Año nuevo Austral en el Pueblo ciudad de Aiguá -departamento de Maldonado- comenzó con una actividad que fuera convocada y organizada por vecinos y vecinas del pueblo, integrantes de comunidades de Rocha, y personas y grupos originarios y también a partir de las actividades de la Red de Comunidades del Uruguay. Para muchos y muchas un sueño hecho realidad, del cual participaron alrededor de 50 personas, y que consistió en una plantada de palmas Butía y Pindó a la manera de una carrera de postas. Así se cubrieron 20 km desde Aiguá por la Ruta 109, recibiendo además la flecha de plantadores que llegó desde las comunidades de las Sierras de Rocha.

Con este gesto se quiso poner de relieve, la importancia y significación profunda de los Palmares que a la vez que se avejentan carecen de renovación, por lo que se encuentran seriamente amenazados. El acto de caminar sembrando los frutos que consumimos es una actividad que se pierde en la historia de los tiempos, siendo nuestros Palmares, vivo ejemplo de ese tránsito que recorrió América; la Abya Yala originaria.

El punto de encuentro de las flechas sembradoras fue el Cerro de la Bola, desarrollándose en su cima luego de una lenta ascención, una ceremonia de cierre de la actividad. Luego de pedirle permiso al cerro se continuó con un círculo de la palabra, donde los y las participantes: expresaron sus sentimientos, formularon pedidos y/o manifestaron sus própositos, a la vez que unámimemente agradecimos a la Madre Tierra por tanta generosidad al brindarnos su sustento y abrigo.

Las expectativas quedaron colmadas y el desafio es múltiplicar este tipo de activiades a lo largo y ancho de nuestros caminos, calles, y rutas como forma de multiplicar la vida que proveerá el alimento a nuestras futuras generaciones.

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